Edward Hopper (1882-1967) fue un pintor estadounidense considerado uno de los mayores representantes del realismo americano. Destacó por su estilo característico: su forma de tratar a los protagonistas de sus obras como seres aislados del entorno, haciéndonos sentir la experiencia de la soledad en nuestra propia piel. Por otro lado, cabe destacar que muchas de sus obras han inspirado a más de un director de cine (Por ejemplo,»Casa junto a la vía del tren» ayudó a Alfred Hitchcock a crear la conocida casa de la película de Psicosis).
En su obra, predomina la incomunicación entre los personajes y la incapacidad de éstos para conectar con lo que está ocurriendo a su alrededor. Esa soledad la transmite a través de grandes espacios vacíos entre los protagonistas y el resto del cuadro, con expresiones faciales sin emoción, con líneas rectas, formas muy geométricas, entre otros recursos del artista.

Por ejemplo, en «La autómata» de 1927, nos presenta a una mujer que se encuentra en una cafetería durante la noche. En lugar de percibir el disfrute de tomarse un café, al observarla nos invade una sensación de tristeza: está desconectada de todo aquello que ocurre fuera de sus propios pensamientos.

En “Nightwanks” de 1942, y tal vez uno de sus obras más conocidas, nos trasladamos a un restaurante, también durante la noche. Todos sus comensales están sentados en la barra, algunos acompañados, pero sin hablar entre ellos: cada uno en su universo personal.

En “Sol de la mañana” 1952, nos presenta a una mujer que en tan sólo unos segundos, nos llena de una melancolía que no consigue marcharse a pesar de la luz del nuevo día que entra por la ventana.
Restaurantes, bares, hoteles, oficinas. Lugares de paso. Paisajes urbanos que se presentan sin vida y unos protagonistas que no tienen nada que decirse, los unos a los otros. En varias de sus pinturas, el artista parece que quiso plasmar al hombre moderno de una sociedad en la que conseguir el «sueño americano» era posible. A pesar de tener todas sus necesidades básicas cubiertas, nos enseña que la soledad también es posible en este contexto.
¿Qué intentaba expresar el pintor? Hay un espacio interior que no consiguió llenar: por lo menos, sus protagonistas no lo hacen. Nos encontramos con un silencio que grita un sinfín de emociones.
Sus pinturas nos ofrecen una interesante invitación a entrar y conocer la experiencia de la soledad de cada uno de los personajes y hacerlos únicos, ya que son esas emociones más íntimas las que dan sentido a quienes somos, independiente del contexto en el que estemos.
En definitiva, nos muestra un reflejo de la experiencia de la soledad que todos hemos sentido, en mayor o menor grado, en un momento u otro.