Luca de Tena nos deleitó con el libro «Los renglones torcidos de Dios« hace ya unos cuántos años. Muchos de sus lectores quedamos atrapados en la historia de Alice. En su enigma. Una lectura capaz de despertarte de golpe (o quitarte) el interés por el mundo de la patología mental y el sufrimiento humano.
Alice Gould, la gran protagonista, ha decidido internarse en un centro psiquiátrico. Dice que se encuentra en plena investigación de un homicidio. Su marido la ayuda a fingir que padece un trastorno mental y así consigue internarse. La versión de los médicos es muy distinta. Nada que ver: Alice ha sido diagnosticada de paranoia y ha intentado envenenar a su marido en tres ocasiones.
A medida que nos vamos sumergiendo en la novela, más interrogantes aparecen. Intentamos analizar cualquier detalle, pero no logramos comprender lo que está pasando. Parece que el marido de Alice ha intentado engañarla y quiere quedarse con su dinero. ¿Está Alice realmente de lleno en una investigación, o está fingiendo?
Alice es una mujer hermosa, madura y sumamente inteligente. Su personalidad seduce a todo aquel que se cruza en su camino. Necesita poco tiempo para convertirse en el centro de atención. Nos hace dudar a todos (una y otra vez) de su cordura: a los lectores, al personal del hospital e incluso, a su propio médico. A pesar de su cinismo y arrogancia, también es capaz de mostrar una cara dulce y empática con sus compañeros del centro. El hombre elefante, la guapísima niña oscilante, o el mismo Ignacio Urquieta y su fobia al agua. Toda una serie de personajes que padecen trastornos de lo más variopinto.
La protagonista nos lleva a reflexionar acerca de la frontera que separa la patología de la normalidad. ¿Dónde está esa línea y quién la establece? Preguntas que todavía siguen generando debate entre los profesionales del ámbito. Por otro lado, Alice nos transporta a los psiquiátricos de los años 70 y nos ayuda a conocer las condiciones en las que viven y en las que (se supone) que se rehabilitan los pacientes. ¿Son todas las terapias válidas? ¿Los enfermos mentales pueden llegar a ser víctimas de ciertos tratamientos? Por suerte, la psiquiatría se ha ido humanizando desde aquel entonces.
El autor quiso dedicar unas palabras a todo el personal de los centros psiquiátricos. Sean o no sean errores de la Naturaleza (¿de la Naturaleza o de sus circunstancias vitales?), no quitamos mérito alguno a la gran labor que desempeñan a diario numerosos profesionales en este tipo de centros…
«Los renglones torcidos de Dios son, en verdad, muy torcidos. Unos hombres y unas mujeres ejemplares, tenaces y hasta heroicos, pretenden enderezarlos. A veces lo consiguen. La profunda admiración que me produjo su labor durante mi estadía voluntaria en un hospital psiquiátrico acreció la gratitud y el respeto que siempre experimenté por la clase médica. De aquí que dedique estas páginas a los médicos, a los enfermeros y enfermeras, a los vigilantes, cuidadores y demás profesionales que emplean sus vidas en el noble y esforzado servicio de los más desventurados errores de la Naturaleza.»