Tom Waits. Uno de los grandes del mundo de la música, compositor de varias bandas sonoras y con sus pinitos como actor a la espalda. Su tono duro y su voz desgarrada nos llevan de la mano al blues, al jazz, al country y de vuelta a empezar, sin dejar su estilo personal de lado. Su figura siempre ha sido peculiar, llena de rebeldía y siempre a contracorriente.

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Nacido en 1949 en California. Sus padres se divorciaron siendo él bien joven. Le tocó realizar frecuentes viajes a México para ver a su padre. Años después, Waits reconoció que en estos viajes encontró su amor por la música gracias a las baladas mexicanas. Fue autodidacta con el piano. Su padre era un gran aficionado a la música, pero también a la bebida y a todo tipo de bares.

Sus canciones nos cuentan historias de personajes peculiares que deambulan por las calles, de alcohol y de mujeres. Sus acordes roncos, y resacosos, nos llevan por la oscuridad y los secretos de la noche. Las tragedias que nos canta son tan auténticas como la vida misma.

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Un noche, en 1970, Waits actuó en un club de Los Ángeles. Allí fue descubierto por el mánager de Frank Zappa. En aquella época, Waits vivía en su propio coche ya que no podía pagar un alquiler. Nunca le convencieron las condiciones que le puso su nuevo mánager (se las tomaba con cierta ironía), pero cedió al mundo de los negocios musicales y se abrió camino hacia el éxito.

«Closing Time» fue su primer disco en 1973. Al que siguieron muchos más (23 discos en total, ¡casi nada!). Waits consumía alcohol de forma habitual. Él mismo dijo que: «Estuve enfermo un largo período de tiempo. Viajaba mucho, vivía en hoteles, comía comida mala, bebía mucho… demasiado. Hay un estilo de vida que está antes de que tú llegues y te introducen en él. Es inevitable«. Así reconocía su problema de adicción.

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Siguió un tratamiento psicológico y acudió a grupos de alcohólicos anónimos. Fue una gran batalla, pero la venció. Nunca estuvo seguro si al beber despertaba a: los fantasmas del alcohol o a los suyos propios. Se asustó de la respuesta, no quería saberla. Escucharla era el paso necesario para recuperarse. Tiempo después, con la victoria conseguida, dijo que se sentía feliz de estar sobrio. Se sentía vivo. Se ha dicho que fue su mujer, Kathleen Brennan, quien le salvó de la bebida y la mala vida.

Nunca le ha gustado conceder entrevistas ni promocionar excesivamente su discos. Siempre estuvo en contra de que sus canciones fuesen utilizadas en publicidad. Presentó varias demandas a grandes empresas que lo intentaron y siempre ganó el juicio. Según sus propias palabras: “Al parecer la mayor virtud que nuestra cultura reconoce a los artistas es salir en los anuncios, preferiblemente desnudos, y fardando en el capó de un nuevo coche. Yo he rechazado muchas veces este dudoso honor». Toda una declaración de intenciones.

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 Una figura cautivadora y excéntrica, pero con una visión crítica que le salvó de las mieles del éxito y le ayudó a reconducir su vida. Su música nos invita a conocer las historias vividas, o soñadas, de sus personajes que parecen haber salido de las novelas de Kerouac. Música llena de la experiencia de su vida. Personajes como él no quedan muchos.