El filme Ray (2004) nos recuerda la intensa vida del gran Ray Charles. Una de las grandes leyendas de la música. Su historia está llena de extraordinarios triunfos y duros fracasos. Golpes de los que aprendió a sobreponerse para seguir adelante.

Ray nació el año 1930 en una zona de Georgia (EEUU) extremadamente pobre en la que vivían personas negras. La segregación racial tuvo un fuerte impacto en este estado. Su madre crió a Ray y le educó para convertirse en una persona capaz de lograr aquello que se propusiera. Su padre desapareció nada más nacer Ray.

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Sin duda, la escena más dolorosa de la película (y de su vida) es la muerte del hermano de Ray, siendo ambos unos niños. Ocurrió delante de Ray sin que nadie pudiera salvarle. Demasiado traumático y difícil de digerir emocionalmente. Ray empieza a tener problemas de visión y desarrolla una ceguera a los 7 años. Una discapacidad que en lugar de limitarle le haría más fuerte. Su madre le enseñó a valerse por sí mismo. Sus oídos y sus manos eran sus propios ojos.

Un vecino le enseñó a tocar el piano cuando era pequeño. Ray empezó a sentir que su pasión por la música se iba haciendo cada vez mayor. Gospel, soul, jazz y blues. A lo largo de su vida, explotó todos los géneros. Su genialidad era infinita.

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A sus 15 años, falleció su madre. Otro golpe más. Ray se marcha a Florida en busca de una vida mejor, la que su madre nunca tuvo. Acudía a clases en una escuela de sordos y ciegos de la ciudad. Allí aprendió música y creció como artista.

La música le ayudó a sobrevivir. A pesar del reconocimiento, Ray no olvidaba sus traumas. Sufría pesadillas en las que aparecía su hermano de forma frecuente. Sus recuerdos eran más dolorosos que sus éxitos. En esa época, cayó en el mundo de la heroína. Se dice que su consumo empezó ya a su llegada a Florida.

Su gran despegue musical va acompañado de su adicción y su debilidad por las mujeres. Se casó con la cantante Della Bea Robinson, pero sus relaciones iban más allá de su matrimonio (también sus hijos, tuvo ¡12!). Con la compañía ABC-Paramount, compusó éxitos como «Hit The Road» o «Let’s go get stoned» y la fama de Ray aceleró de forma vertiginosa.

En un concierto en Georgia, Ray se negó a tocar ya que el público estaba segregado. Es curioso el hecho de que años más tarde recibió disculpas de los representantes de Georgia y se declaró a su tema «Georgia on My Mind» como himno oficial. Ironías de la vida.

Sus inmensos triunfos en el escenario no consiguieron darle la paz definitiva. Los fantasmas del pasado seguían presentes. Fue detenido en Boston, con delito de prisión por posesión de drogas, pero realizó un proceso de rehabilitación para librarse de la condena.

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La película termina con imágenes en las que Ray deja la heroína y crea una fundación para la prevención de la ceguera y sordera. Su frenética vida no nos deja un momento de descanso. Sin pausa. Su estilo y su voz son una explosión de emociones. Nos grita, nos susurra, nos llora y se ríe con todas sus fuerzas. Todo al mismo tiempo.  

Sin saber de su ceguera, hubiéramos jurado que sus sentidos funcionaban al 100% (o incluso más allá). Algunos vicios le hicieron perder el rumbo, pero fue capaz de llegar más lejos de lo que jamás hubiera imaginado nadie. Un claro ejemplo de que los límites no existen, se los pone uno mismo. Su madre estaría orgullosa.