Franz Kafka (1883-1924) nos dejó una obra literaria de inmenso valor. No se sentía satisfecho con varios de sus escritos y por ello, mandó destruirlos en varias ocasiones. Lástima que nunca llegó a saber de sus múltiples lectores alrededor del mundo.

Nació en Praga en el seno de una familia de judía. Su padre tenía un negocio textil que les permitía llevar una vida cómoda. Fue el mayor de 6 hermanos. Dos de ellos fallecieron de pequeños. Sus hermanas Gabriele, Valerie y Ottilie pudieron compartir más años y experiencias junto a Franz.

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Entre sus obras publicadas, nos encontramos con «Carta al padre». La carta más célebre de la literatura. Una carta que nunca llegó a su destinatario, pero que Kafka creó con una imperiosa necesidad. Dirigida a su padre.

Una relación marcada por el autoritarismo de su padre. Un tipo extremadamente seguro de sí mismo, rígido, dominante, con unas normas establecidas para todo el mundo (menos para él) y recordando constantemente el esfuerzo realizado en su vida para llegar a tener una vida cómoda. El libro recorre situaciones familiares en las que Kafka se fue llenando de desprecios. Siempre de su padre.

La descripciones de Kafka tienen un gran contenido psicológico. No se explaya en los detalles de las situaciones, se centra en los sentimientos que afloraban en su interior. En su obra, también habla sobre la relación de su padre con cada una de sus hermanas. Analiza cómo en función de la personalidad de cada una de ellas, la relación paterna tomó una dirección u otra. ¡Todo un análisis la mar de minucioso!

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El sentimiento de inferioridad siempre le persiguió. El miedo y el odio que sentía hacia su padre impregnaron sus recuerdos. Kafka echa la culpa a su padre de su personalidad tímida y temerosa así como de todos sus errores cometidos a lo largo de los años. Destaca (en ocasiones contadas) cierta admiración a algunos comportamientos de su padre, como por ejemplo, la fidelidad y el compromiso de su matrimonio.

¿Fue realmente su padre tan déspota? ¿Toda la descripción es cierta? Durante la lectura, nos da la sensación que Kafka magnificó sus emociones y perdió (parte de) objetividad en su interpretación de lo ocurrido. Él mismo manifiesta cierta conciencia de ello.

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La percepción de los hechos siempre es subjetiva y suficiente para condicionar el resto. Su verdad fue esta. Si Kafka creyó que todo era culpa de su padre, eso influyó en cómo vivió sus días.  O si se justificó de sus fracasos echando la culpa a su padre, el resultado fue el mismo. Sus pensamientos condicionaron sus acciones así como a todo aquello que nunca se atrevió a llevar a cabo.

«Si comenzaba a hacer algo que no fuera de tu gusto y tú me amenazabas con el fracaso, el respeto por tu opinión era tan grande en mí, que el fracaso, aunque fuese mucho más tarde, era irremediable. Perdí la confianza en mis actos. Yo era inconstante, indeciso. A medida que fui creciendo aumentó el material que podías señalar como testimonio de mi inutilidad; poco a poco, en ciertos aspectos, comenzaste a tener razón.»