Séraphine Louis (1864-1942) fue una pintora francesa que paseó sigilosamente por la vida. Sin hacer mucho ruido. Su estilo naíf nos dejó numerosas pinturas, tan sencillas como hermosas al mismo tiempo.

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Nació en una familia de campesinos en Arsy (Oise). Su madre falleció cuando tan solo tenía un año de edad. Su padre volvió a casarse, pero falleció pocos años después. Séraphine quedó huérfana con su hermana mayor. Trabajó como ayudante en un convento de Clermont y en los siguientes años, de criada. No lo tuvo fácil para sobrevivir y cuidar de sí misma.

Casi analfabeta, con una educación religiosa y fe inamovible, Séraphine subsistía gracias a su arte. Al terminar sus largas jornadas de trabajo (por las cuáles recibía menos de lo necesario para pagar el alquiler de su habitación), salía a pasear por el campo. Se subía a los árboles, los abrazaba y respiraba profundamente en medio de la naturaleza. Por las noches, pintaba plantas, flores y frutos de mil colores.

Séraphine (Musée Maillol)

En unas de las casas en las que trabajaba, un marchante de arte (Wilhelm Uhde) encontró un cuadro de la artista. Quedó impresionado. Al enterarse que era la criada de la casa, compró todas sus obras. Séraphine se convirtió en la pintora naíf de aquel tiempo. Su obra se considera única en su estilo. No recibió influencias, más allá de la soledad de su habitación y de sus paseos por el campo de Senlis (Oise).

Sus pinturas fueron una explosión de color. Composiciones hechas con trozos de hojas de árboles, restos de cera de velas que recogía en la iglesia y otros materiales secretos que no quiso desvelar. Obras llenas de belleza, lejos de las penurias de su existencia. Nunca pensó que su trabajo pudiera tener valor para los demás.

Séraphine siempre dijo que pintaba bajo la influencia divina y de los ángeles. No tuvo un diagnóstico claro, pero es probable que sufriera algún tipo de psicosis. Su vida no fue sencilla. De hecho, en algunas de sus obras, nos transmite una sensación inquietante. La intensidad de sus tonos puede llegar a ser perturbadora. En algunas pinturas, parece que unos ojos nos observan.

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En plena Guerra Mundial (1914), Wilhelm tuvo que huir a París y perdió el contacto con la artista. Ella siguió pintando y aumentado sus obras con la idea de exponer algún día. Años más tarde, Wilhem volvió a su encuentro. Poco a poco, sus obras fueron siendo reconocidas y la artista mejoró su situación económica.

El estado de salud de mental de Séraphine fue empeorando en esos años. El tiempo que Wilhelm no estuvo a su lado y la crisis económica que siguió a la guerra, la perjudicaron profundamente. Se sintió abandonada y muy frustrada por no conseguir una exposición individual. Su salud mental fue tambaleándose hasta que ingresó en un hospital psiquiátrico.

Séraphine Louis+Les fruits. 1928-1929

Falleció con 78 años de edad estando todavía ingresada. A pesar de no lograr en vida su exposición tan deseada, a día de hoy podemos ver sus obras en el museo de arte de Maillol o el Pompidou en París. Sus pinturas naíf acabaron recibiendo el reconocimiento que tanto ansió. No hay duda que se sorprendería (y sonreiría) de saberlo.