«Behind the scars» (Detrás de la cicatrices) es el proyecto fotográfico de Sophie Mayenne. La joven artista (¡tiene 24 años!) cuenta ya con varios trabajos que han sorprendido al público. «Behind the scars» nos enseña a aceptar las cicatrices de nuestro cuerpo. O lo que es lo mismo, las diferencias de cada persona.

Cualquier marca que se salga del patrón establecido, puede hacernos sentir mal a la hora de valorar nuestro cuerpo. La publicidad, los medios de comunicación y la moda nos disparan constantemente los cánones de belleza que debemos seguir (o tener). Las cicatrices se perciben como feas o como algo que no hace falta lucir. Sophie Mayenne nos las muestra, sin avergonzarse. Y además, nos explica su origen y su historia.

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Ashleigh. Las cicatrices en sus brazos muestran su lucha emocional. Desde pequeña, auto lesionarse fue la manera de relacionarse con su intenso sufrimiento. Durante años, protegía sus brazos con mangas largas para que nadie los viera. Las cicatrices fueron parte de uno de sus secretos mejor guardados. Al mostrarlas, ha aprendido a librarse de su sentimiento de vergüenza y de culpa. Un paso adelante hacia la aceptación verdadera.

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Beckie. Su cicatriz fue por una operación a la que se sometió para conseguir una reducción de pecho. Durante años, no sentía que su cuerpo fuera suyo. No se sentía que la representara. A los 18 años, se sometió a la operación después de 3 años ahorrando para conseguir el dinero suficiente. No debió ser una decisión fácil. Ella nos enseña su cicatriz como una parte más de ella.

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Cari. Ella nos muestra la cicatriz de su espalda a raíz de una operación (de fusión) de la columna vertebral. Hace años, la operaron para corregir su problema de escoliosis. Lleva 12 placas de metal y 12 tornillos a lo largo de toda la columna. Ella resalta la importancia y repercusión de la salud física en nuestro estado (y salud) mental.

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Mercy. Un incendio en su casa, provocado por la violencia doméstica que sufría, le quemó buena parte su cuerpo. Tenía 29 años. El proceso de aceptación ha sido largo. Ella ha conseguido llegar a sentirse cómoda con sus cicatrices. Gracias a ellas se convirtió en la persona que es a día de hoy. Ha sobrevivido a los golpes que recibió y espera que el hecho de fotografiarse en el proyecto pueda ayudar a otras personas.

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Samanta. Cuando tenía 14 años, jugando con una pistola, se disparó y quedó en silla de ruedas para siempre. Su historia la ha ayudado a convertirse en la persona fuerte que es. Nunca ha encontrado motivos para sentirse víctima ni desgraciada. Ha conseguido ser jugadora de tenis y modelo. Sus dos sueños se hicieron realidad. No hay motivo para no sentirse bonita.

Cada cicatriz tiene su memoria. No deberíamos tener ningún problema a la hora de mostrarlas. Sin preocuparnos por lo que puedan pensar otras personas. Las protagonistas del proyecto nos muestran su valentía a la hora de crecer ante las adversidades de la vida. Las cicatrices visibles y aquellas internas que no se ven a simple vista. Todas ellas forman parte de sus vidas.