Leonard Cohen. El gran Cohen. Resulta imposible acabar este mes de Noviembre sin escribir nada sobre él. Sin dedicarle unas palabras. Ninguna línea desprenderá su poesía, pero intentará rendirle un pequeño homenaje a este gran artista. El poeta de la tristeza más querido por todos. Su habilidad para convertir la melancolía en todo un arte.
Su trabajo musical nos deja grandes temas. Clásicos que han sonado en distintos momentos de nuestras vidas. Suzanne, I’m your man, Dance Me to the End of Love, Hallelujah, Take this Waltz, Chelsea Hotel #2 o Famous Blue Raincoat. Leonard Cohen siempre fue un enamorado de la poesía y de la música. Se decantó profesionalmente por esta última, pero nos dejó su estilo poético en cada una de sus canciones (¡Y en cuatro libros de poesía y dos novelas que publicó!).

Personaje enigmático donde los haya. Siempre despertó un halo de misterio a su alrededor. Descendiente de familia judía, siempre tuvo presentes sus orígenes. La religión y la espiritualidad han dejado huella en varios de sus temas. Perdió a su padre muy joven. Tuvo varias relaciones sentimentales importantes, pero nunca se casó. Vivió un romance con una mujer noruega y permanecieron durante años en la isla de Hydra donde vivió la revolución hippie griega. Ella fue la famosa Marianne de su mítico tema (So long, Marianne). Parece que sus días le dieron para mucho.
En varias de sus biografías, se habla de su tendencia a la depresión y diversos episodios que sufrió durante su vida. Estuvo durante 5 años viviendo en un monasterio budista zen, en comunidad. Según declaró, su depresión nunca más volvió a ser tan profunda como en otras etapas de su vida. De hecho, volvió unos años más tarde para convertirse en monje. Parece que encontró en la vida en comunidad la terapia más efectiva hasta aquel entonces.

Cosas de la vida, pero justo un mes antes de su fallecimiento, salía el que sería su último disco You Want It Darker. Su última obra maestra. En un tono bien oscuro (tan habitual e imprescindible en él), nos regala 9 canciones que ya nos saben a despedida, acompañadas de coros femeninos, aires de orquesta y su gran voz.
El primer tema recibe el nombre del mismo álbum. Repite una vez tras otra «Estoy listo, mi señor«. No podría haber sido más premonitorio. Otro tema a destacar es Steer you Way, nos suena al clásico Cohen y nos llena de buenos consejos (de alguien que ha vivido lo suficiente). Leaving the Table nos habla del paso del tiempo y la mella que hace en el cuerpo. Nos lo canta desde la calma. Cierra el disco con String Repise/Treaty: suenan instrumentos de cuerda que nos guían hacia la voz de Cohen. Su voz resulta más profunda que nunca y da por terminado el álbum.
No podía dejarnos mejor regalo que You want It Darker. Estas 9 canciones forman la banda sonora de su despedida. No nos queda ninguna duda de que su voz seguirá llenando el silencio que ha dejado.