Mary and Max (2009) es la pequeña gran obra del director australiano Adam Elliot. Sus escenas animadas nos relatan la relación de amistad que surge entre un hombre con Síndrome de Asperger de New York y una niña australiana. Gracias a las cartas que un día empiezan a intercambiar, se establece una enorme conexión entre ellos. Un ejemplo de cómo la animación puede regalarnos historias increíbles. ¡Una gran joya del género!
Nuestro primer protagonista es Max. Sus intereses son muy estereotipados y reducidos. Tiene dificultades en las interacciones sociales y es por ello que Max se deja guiar por un libro con dibujos de caras que representan las distintas emociones. Le ayuda a reconocerlas en las personas y sobrevivir al mundo social. Le resulta muy complicado establecer vínculos y nunca ha logrado tener un amigo.

Mary, ella es nuestra otra protagonista. Es una niña de 9 años. Tiene una peculiar mancha en la frente a la que siempre hace referencia al presentarse a los demás. La mancha y sus debilidades parece que siempre van por delante (antes que sus más preciadas cualidades). Sus padres no pasan suficiente tiempo con ella y en el colegio, sus compañeros se ríen de ella constantemente. Recibe tantas burlas que eso la ha llevado a tener un lugar secreto donde escaparse del mundo. Su escondite de seguridad.

El narrador inicial es quien nos cuenta la vida de los protagonistas. Ellos están tan acostumbrados a vivir en silencio que es el narrador quien les pone voz a sus días. Cuando Mary y Max se conocen, ellos mismos empiezan a contarnos cómo se sienten. Pasan a tomar el control de la narración y de sus vidas.
El Síndrome de Asperger de Max se manifiesta en las escenas más inocentes. A través de sus obsesiones con la ropa o con la lotería (compra siempre los mismos dígitos), nos permite explorar su propio mundo. Su incomprensión de las leyes o de las mentiras nos deja asombrados. Existen demasiadas situaciones sociales que no es capaz de descifrar. En algunos momentos, llega a decirnos que: «desearía vivir en la Luna».

La película nos habla sobre la incomunicación. Sobre aquellos que se encuentran solos y tristes. La amistad puede ayudar a superar las dificultades. La relación que establecen nuestros personajes es suficiente para que su vida se vuelva menos gris.
La ingenuidad de sus personajes nos hace sonreír y nos regala una gran lección. Los defectos que tenemos no deben ser un impedimento para establecer relaciones auténticas. Al fin y al cabo, todos tenemos nuestras debilidades y no por ello dejamos de buscar lo mismo que los demás. El afecto y la comprensión del otro.
«Las vidas de todos, son como una larga acera. Algunas están pavimentadas. Otras, como la mía, tiene grietas, cáscaras de plátano y colillas. Tu acera es cómo la mía pero probablemente con menos grietas. Ojalá algún día nuestra aceras se encuentren y podamos compartir una lata de leche condensada» (De Max a Mary).
