Instrumental (2015) es un libro que te sacude. Una vez tras otra. James Rhodes (Londres, 1975) abre su alma y nos cuenta los traumáticos caminos de su vida. La contraportada del libro te saluda así: «Me violaron a los seis años. Me internaron en un psiquiátrico. Fui drogadicto y alcohólico. Me intenté suicidar cinco veces. Perdí la custodia de mi hijo. Pero no voy a hablar de eso. Voy a hablar de música. Porque Bach me salvó la vida. Y yo amo la vida«.

Palabras duras. Sin edulcorantes ni tapujos a la hora de narrar sus vivencias. A pesar del alto voltaje emocional, da lugar a la esperanza. La lucha por sobreponerse. Una infancia marcada por los abusos sexuales sufridos por parte de un profesor de educación física. No se recrea en los detalles, pero enumera las heridas infinitas de aquellos años: tics diversos, trastorno obsesivo compulsivo, depresión, alcoholismo, adicción a las drogas, tendencias suicidas, lesiones físicas y muchas más. Duele el sentimiento de culpa que transmite. Se castiga por ser y sentirse víctima.

Durante sus años de colegio, James tocaba el piano de forma autodidacta hasta que empezó a asistir a clases. Fue su pasión. Un refugio de todo el dolor. No obstante, sus cicatrices eran demasiado profundas y se sentía sin rumbo. A los 18 años se abandonó: a sí mismo y a la música. Durante años, se dedicó al mundo de los negocios a pesar de sentirse vacío. En cada uno de los capítulos de su libro, atravesamos una época de caída. Otra de recuperación. Vuelta a empezar. Escuchar a artistas clásicos es de los pocos momentos en los que sus días ven cierta luz: Beethoven, Chopin, Ravel, Bach,…

En su complicado camino, por suerte, apareció la música de nuevo. Gracias a un encuentro de lo más casual, conoce a Franco Panozzo, agente musical internacional. James tocó una pieza de Chopin y Franco apostó por él. Sin dudarlo. El agente ayuda a James a recibir clases de un prestigioso profesor y poder crecer musicalmente. Las épocas de caída seguían teniendo presencia. Un amigo millonario pagó a James el tratamiento en una clínica de desintoxicación mientras que otro de ellos financió su primer álbum. Sus ángeles de la guarda. James agradece la suerte de encontrarse con todos ellos en aquellos años tan difíciles.

Música y medicina. La música clásica ayudó a James a conectar con sus emociones. Entenderlas, aceptarlas y no dejarse vencer por ellas. En cada capítulo, humaniza a un compositor clásico hablándonos de su vida y el contexto social en el que vivió. Cada uno con sus propios demonios. Seguramente la música fue una terapia para todos ellos. En sus recitales por todo el mundo, James habla con el público y les cuenta estas historias. Ha conseguido atraer a un público joven que nunca antes se interesó por la música clásica. Vestido con ropa informal y zapatillas deportivas. Una sacudida a la rígidas normas de la academia musical. De alguna manera, la música clásica salvó a James Rhodes y viceversa.

Instrumental es, también, una denuncia a los abusos sexuales. James expone su caso sin reparo para ayudar a otros. Tanto a personas que sufren abusos y todavía no han roto su silencio, como al resto del mundo, para que tomemos conciencia de esta realidad y seamos capaces de actuar. James ha participado en números actos de concienciación sobre abusos sexuales y ha concedido infinitas entrevistas en las que ha hablado abiertamente de su vivencia. Es evidente que su historia ha ayudado a dar difusión y a hablar sobre los abusos sin tanto tabú.

Su obra se convierte en una aventura desgarradora, pero increíblemente humana. 75.000 ejemplares vendidos. Un hombre roto que ha tocado fondo en numerosas ocasiones. Consciente de su dolor y capaz de explicarlo. Y a pesar de todo, celebra la vida al máximo a cada golpe de piano.

Su música al completo de forma gratuita: